EL DÍA EN QUE TE CONOCÍ

María Callas

Se pasaba la vida de un lado para el otro. Su afán de ambición no tenía límites. Y dada su juventud, no quitaba que careciera de experiencia. Supongo que las enseñanzas que había adquirido habrían sido de su familia. Y demasiado Ego para un joven que entraba en el mundo de las finanzas. El caso es que una de las recepcionistas me atendió con mucho cariño y me hizo pasar a una de esas salas de reuniones tal y como salen en la películas americanas

Hablemos de Sexo

¿Hablamos de amor, hablamos de sexo? ¿Cuál es la diferencia?

La diferencia, es que cuando noto el roce de tus dedos en mi piel, ésta se eriza y siente escalofríos.

Cuando te acercas al oído a susurrarme, el corazón me palpita sin control.

Cuando posas tus labios en los míos, comienza a arder mi sexo.

Cuando me desnudas lentamente mirándome a los ojos, brota en mí un sentimiento de pasión.

Y ya, cuando me tumbas en la cama y acaricias mi cuerpo desnudo, pierdo la cabeza.

Y cuando entras en mí. ¡Dios!, cuando entras en mi, ya no tengo cordura, ni sentimientos, ni pasión, ni palpitaciones, solo el deseo de que no salgas nunca de mi ser.

Anna Colled

Sexo en la playa

Pasión En Acción, Pareja Enamorada En La Playa, Romance De Verano. Fotos,  Retratos, Imágenes Y Fotografía De Archivo Libres De Derecho. Image  78399464.

Trato de no moverme. Ahogo un gemido al notar sus dedos en mi clítoris, esparciendo mi excitación. Mantengo las piernas ligeramente flexionadas, le prohíbo a mi espalda que se arquee. No me hace falta volver a mirarla para saber que está disfrutando tanto o más que yo con esto. Sus caricias desaparecen de mi busto y son sustituidas rápidamente por algo muy muy frío. Ato cabos enseguida: un cubito de hielo de la nevera portátil. Libero un suspiro, inaudible y pequeño, y noto cómo el pedazo de escarcha se va deshaciendo demasiado rápido. El agua traza ríos en la piel de mi abdomen que fluyen hasta desaparecer en mis curvas.

Me precipito a la sensación vertiginosa de un orgasmo que está cerca, creado por el roce de sus manos inquietas, la sensación del hielo contra mi piel caliente y la idea de que cualquiera podría sorprendernos en cualquier momento. La fórmula perfecta que cristaliza en el clímax más intenso del verano.

Tal vez hoy me guste un poco más la playa.

Deleitate.

Relatos eróticos

Se adentra  en la «tienda de los chinos» o como la llama, nostálgico, «El Todo a Cien». Lleva una lista: tacos robustos para poder colgarla del techo con seguridad, perchas de alambre para convertirlas en hierro para marcar y tinte de cuero negro para restaurar el cinturón con hebilla de plata que compraron e EEUU mientras recorrían la Ruta 66.  Intenta ceñirse a ella, pero el silencio, la luz tenue de los flexos y el tiempo detenido en los pasillos solitarios a esa hora en la que todo posible cliente está dejándose arrastrar por la marea vacua de su vida le fagocitan.

Comienza a deambular.  Decenas, cientos, quizá miles de artículos aparentemente inocentes le tientan para que les dé una utilidad distinta, un nuevo propósito vital, un destino menos prosaico.  Así será, les promete. Echa en la cesta  un estropajo, un colador, un paquete de chinchetas, una correa de perro… Sopesa un rollo de cables, si les aplica calor podrá convertirlos en un flogger con el que azotar la suave piel de sus nalgas hasta que brille rojiza como la raja de su sexo.

En la sección de juguetes encuentra un arco con sus flechas; comprueba la  flexibilidad, demasiado duras, a Ella no le gustará y no puede permitirse ese lujo. La última vez estuvo a punto de perderla. Y no, no quiere que eso ocurra. Los deja en el estante y sigue deambulando. Su intuición le guía y descubre unas pinzas para rulos del color favorito de Ella. El tiempo se detiene. Las imagina en sus diminutos pezones rodeados de aureolas grandes y carnosas, mientras Ella cierra los ojos, se muerde los labios, intenta obedecer su orden de silencio hasta que se rinde, se convulsiona, pierde el control, le suplica que apriete hasta arrancarlos.

Ella, Ella, Ella… alzando las muñecas para ser sometida por una cuerda para que él la convierta en una obra de Shibari única, hermosa, perecedera en el tiempo, eterna en la memoria. Calibra varias, de yute, de cáñamo, de algodón… ninguna le convence. ¿Y si experimenta con cinta adhesiva? Sí… La someterá sin dejarle marcas que acariciarse cuando él no esté, en un intento vano de revivir lo que fue y ya no es, hundiendo sus dedos en su interior hasta correrse, quebrantado su orden porque siempre, y él lo sabe, y Ella lo sabe, puede.

Un suave carraspeo le saca de su ensueño. Es la dependienta que le mira fijamente. Toma conciencia de su miembro erecto que pugna por reventar los pantalones. Se tapa con la cesta, pero sabe que es un gesto inútil e intenta, ruborizado, componer uno de disculpa. Tras un instante que se le hace eterno, la chica alarga la mano hacia la estantería, coge un paquete de cinta adhesiva y se lo ofrece.

—Esta. Más mejor. Americana no. Pegamento mucho fuerte. No nos gusta —balbucea, con acento asiático, mientras se inclina ceremoniosa.

Solsticio de Verano

Solo sexo Sensuales en Blanco y Negro (SEX) | Podofilia - Fetichismo de pies

Dejé caer mi pelo sedoso sobre mis hombros y abrí mis muslos hacía mi amante… los cielos de invierno son fríos y bajos, con fuertes vientos y granizo helado. Pero cuando hacemos el amor debajo de nuestra colcha, hacemos tres meses de verano

Un relato que es capaz de hacer volar la imaginación del lector.

ÉXTASIS

ÉXTASIS

Si alguna vez quise ser en lo que me he convertido, daría un paso atrás y borraría lo que fui.

No recuerdo si empecé a desempeñar este tipo de trabajo muy joven, solo sé que puede que no hubiera perdido el tiempo en conocer a hombres y disfrutar de su compañía y de todo lo que conlleva ese placer.

Me gusta exhibirme, cuidarme y ser deseada. Ser la más deseada. Y que los hombres se fijen en mí. Bien es cierto el tiempo que invierto en esos cuidados, también en dinero. Pero hay que estar lo más atractiva y jugosa cuando sabes que vives de tu presencia.

Me encanta notar como un hombre me quiere poseer y que me desnude poco a poco, sentir como sus manos recorren mi piel. Tener esa sensación de como se me eriza el cuerpo. Que su carne se pegue a la mía. Me bese en los labios sintiendo como esa saliva se penetra dentro de la mía.

Como enciendo el fuego de mi ser cuando noto que ya está dentro de mi cuerpo y me dejo llevar por los deliciosos movimientos de sus glúteos pegados entre mis muslos. Me dejo llevar como los cánticos de sirena hasta el éxtasis de la extenuación.

Así me gano la vida, de cuerpo en cuerpo.

Anna Colled.

Provócame

Cuántas veces te he mostrado mi cuerpo desnudo, asomando en mi rostro la vergüenza de que nunca me atrevía hacerlo con nadie. Pero me diste la confianza de creer en mí y que me dejara llevar. Mostrando mi naturaleza tal cuál era y sin que nadie me juzgara, porque todos tenemos defectos y virtudes. Y allí en mi tálamo postrada cual doncella pudorosa, entregué aquello que guardaba con anhelo para cuando estuviese preparada. Pero fuiste tú, quién por el azar encontró mi cuerpo desnudo y salvaje. Y arrastró al delirio a una delicada manceba haciendo de ella posesión eterna.