Capítulo 19

  • Bastantes, ¿te molesta?
  • No entiendo por qué aún no has querido quedar con nosotros.
  • Sabes que vivo lejos, además no quiero que esto se acabe nunca, hazme caso, nuestra relación es mejor así.
  • ¿Me decepcionaría contigo?
  • Al contrario, no querrías salir nunca de la cama, sería así siempre, tengo demasiado amor que dar.
  • Por eso lo derrochas con tantas amigas ¿no?

Ricardo reía con las respuestas de Natalia, a pesar de su pasión le encantaba su sentido del humor, no podía evitarlo.

  • No derrocho, comparto algo que no cuesta absolutamente nada, y que hace feliz. Es lo único que intento hacer, disfrutar de la vida, somos efímeros, un día nos haremos ancianos y habremos perdido el tiempo y nos reprocharemos de no haberlo aprovechado. Hazme caso princesa, disfruta de la vida, con tu marido, con parejas, con amigos, con sexo, pero disfrútala. Lo demás no merece la pena.

Al escucharlo creyó que en parte tenía razón, pero que cada uno disfrutara de su vida como quisiera, pero sin hacer daño a nadie. – ¿eso es lo qué haces tú?, por eso nunca tienes pareja estable.

  • Me gusta demasiado hacer el amor, y me canso rápido de estar con la misma mujer, necesito cambios, nuevos sabores, nuevas pieles que explorar.
  • Pues conmigo ya llevas un tiempo y no has cambiado.
  • Tú no estás conmigo viviendo, es diferente, yo a ti te quiero. Ya no puedo querer a ninguna mujer.
  • No sé porque me da que me vacilas y yo me dejo.
  • Para nada. Si estuvieras aquí conmigo, sería igual. Follando día y noche, ¿lo aguantarías?
  • No – respondió rotunda ella.
  • ¿ves?, mi vida es así.
  • Pero ¿no vives?, ¿no sales, no te distraes, no tienes amigos?
  • Salgo, vivo, tengo amigos y amigas y cuando surge follamos.

Que vida más surrealista vio Natalia en él, pero al fin y al cabo debía respetar.

  • Tienes que aprender amar el sexo, es lo único que merece la pena. Hazme caso. ¡Folla!, con quien sea, con el consentimiento de tu marido. ¡Follad los dos!, como perros, sed salvajes. Y os irá mejor.
  • Y ¿cómo? – preguntó ésta exaltante.
  • Busca amigos, parejas, gente que quiera follar constantemente.
  • ¿Tú lo haces?
  • ¡Siempre!, cuando tengo ocasión no la desaprovecho. Es una necesidad, créala.

Lo pensó durante un buen rato, y apresurada fue a contárselo a su marido. ¿Cómo podían hacer que su sueño se haría real? – quiero una pareja, podemos probar en locales que para eso están.

  • ¿has perdido el juicio?
  • Llévame por favor
  • ¡Que no!
  • Pues entonces quiero follarme al tuerto.
  • ¿Qué dices?
  • Lo que oyes.
  • ¿Estás segura?
  • Lo estoy.
  • Vale, pero en nuestra casa ni de coña.

Encantada de haber satisfecho sus necesidades, gracias a la orden de Ricardo, ideó un plan para encontrarse con el susodicho que iría a pasar un buen rato en algún pertrechado lecho para saber lo que es una fantasía real.

Se haría la encontradiza en el gimnasio, que por cierto seguro que su bolsa de deporte habría cogido telas de araña del tiempo que llevaba sin usar y con la excusa de pedir ayuda, se haría la tonta y quedarían para tomar un café. Además era bien sabido de vox populi que los gimnasios hay más cuernos que en una plaza de toros.

Capítulo 18

mujer-fumando- erotic- relato- eseka- mar skyper – El Mar de Skyper

Estaban deseosos de ver aquel video que llevaban todo el día esperando, la paciencia ya no estaba en vigor, así que le envió un mensaje a Ricardo. – ¡estamos listos!, Adrián quiere ver como te mueves con la chica y que yo os imagine con ella. Estoy deseando verlo.

  • Enseguida mi reina, acaba de irse, no podía prepararlo mientras estaba con ella, entiende que no le he contado nada de lo nuestro, ya sabes que somos tres. No quiero a nadie más en nuestra relación.
  • Lo sé, ¿pero te parece bien la idea de Adrián?
  • Me parece estupenda, así también sabrás como disfrutar al otro lado de la cama.
  • Sí, me da morbo, solo imaginaros con ella. Pero solo por ésta vez, que os quede claro que sois míos y no me gusta compartir.

Unos emoticonos con caritas en sonrisa de cascada comenzaron a sorprender al móvil de Natalia. – no sé que te hace tanta gracia.

  • Que somos tuyos, princesa, y solo quiero serlo contigo. Dame unos minutos y te envío el video.

Los minutos se habían convertido en una espesa niebla donde no se llegaba a ver el otro lado del camino, hasta que por fin fue disipada por un sonido que indicaba que un correo había entrado de nuevo al móvil.

Al fin estaban los dos esperando abrirlo, se encontraron una habitación de vestimenta sencilla, sin mucha ornamentación, paredes blancas, una mesita de noche de madera de pino en tonos claros, y una lámpara flexo en color negro o eso intentó apreciar Natalia ya que de ella colgaban unas braguitas en color beige. La cama era tan sencilla como lo era aquel dormitorio. Pero no era lo más interesante de ver en aquel video que tanto esperaron durante el día, lo que menos importaba era la decoración. La mirada se fijó en aquella pareja que se encontraba desnuda en aquel tálamo en cuya vida reinaba la pasión de dos personas, mientras el vicio se postraba en las mentes de Adrián y de Natalia.

Él estaba debajo, la cara no se apreciaba porque la chica estaba desnuda encima de él, mientras sus caderas eran columpios dejándose mecer por el vaivén de sus movimientos.

Capítulo 17

No volvió a enviar ningún mail, está vez espero que fuera él quién iría a su encuentro, si tanto la echaba de menos, si tanto la quería, debía ser él quién le enviara esos correos. Pero para su sorpresa, durante una semana no hubo nada, las entradas estaban vacías. Nunca se sintió tan ofendida y avergonzada por un hombre que supuestamente y según los pensamientos de Natalia la había seducido solo por un juego. Creyó haberse reído de ella, un juguete con el que divertirse sin esperar nada a cambio. Iba y venía a su antojo, hacía de ella lo que quería, y había conseguido que su marido entrara a ese juego.

Pero de lo que no era consciente ella, es que Adrián, tenía esa fantasía oculta que jamás se atrevió a decirla durante todo su matrimonio, verla con otros hombres le encantaba. Imaginar como su mujer era desnudada por otro hombre y la iba acariciando su cuerpo desnudo, mientras ella le miraba a él, como ese hombre la besaba y la emanaba de flujos sus pechos, como la ponía en posición mirando contra la cama y el susodicho la penetraba con delicadeza y ver ese movimiento de vaivenes entre ambos, ver como su esposa gemía de placer, mientras clavaba su mirada en él, solo para que fuera consciente de que estaba disfrutando. Y sobre todo como al final de aquella escena, cuando el hombre se retiraba de entre las piernas de ella, él se acercaba hasta Natalia y bebía de los néctares de los dioses que se habían posado en el trono de su reina.

Era impensable por aquel entonces que Adrián se atreviera a contarle aquellas fantasías que tenía desde hacía mucho, pero el destino había puesto a Ricardo en su camino, y tuvo la oportunidad de disfrutarlo sin que nadie supiera que eso era lo que le llenaba cuando hacía el amor con su mujer y lo imaginaba en su mente. Consiguió visualizarlo y sus placeres llegaban hasta lo más extremo.

Capítulo 16

Dark Syd Of The Moon: Galeria: Erotica blanco y negro

Dos días después apareció un mensaje, Natalia estaba extrañada de que tardarse tanto en responder a la llamada.

  • Veo que ya estás mejor, has venido a buscarme. Pero está vez he tardado un poco, he estado ausente.
  • ¿Cómo ausente? – intentó curiosear ella por la tardanza en su contestación.
  • Me encerré en casa de un amigo durante tres días, con dos chicas, ha sido impactante.
  • Me alegro por ti.
  • No hemos salido casi de la cama. Estuve con las dos chicas a la vez, después acabamos los cuatro en la misma. Sentí como sus maravillosos cuerpos se retorcían junto al mío. Notaba sus pechos en mi boca, mientras otra jugueteaba con mi miembro. Luego me las follaba. Después se iban con mi amigo, hasta que nos juntamos los cuatro en la misma cama. Se mezclaron las pieles, ¿sabes?, se hizo un mismo cuerpo. Esa sensación es la que debes sentir tú cuando hagas un intercambio. Que vuestros cuerpos se mezclen y se fundan en uno. Ahora estoy saliendo con una de ellas, es preciosa, no es como tú, pero me lo recuerda mucho. Sus cabellos, su piel… no me gustaría engancharme a ella.

De repente unos sofocos comenzaron a brotar en el rostro de Natalia, mientras leía la conversación. Se había dado cuenta de que se estaba poniendo celosa por culpa de Ricardo. Ahora tenía a una nueva amiguita que le enfriaba los calores que le emergían de su cuerpo, cuando era ella la encargada de solventarlo.

  • ¿No me respondes? – intervino el interlocutor al otro lado del teléfono.
  • ¿Si ya tienes una chica que te quite el frío, para que me quieres a mí? – respondió arisca Natalia, al ver que Ricardo respondía con retintín.
  • ¿Estás celosa?, ¿por qué mi reina?, solo tengo mi mente puesta en ti, cuando me acostaba con esa chica, solo pensaba que mis manos rozaban tu precioso cuerpo, cuando introducía mi miembro en ella, lo hacía tan suavemente que buscaba en mi mente tus ojos, tu mirada, tus besos, tus caricias que se posaban en mi cuerpo. Después de que notaba todas esas sensaciones juntas, galopaba entre tus piernas, con fuerza, porque solo te quiero a ti mi reina.

Capítulo 15

Pañuelos: Mujeres Desnudas | Redbubble

Así seguían los días y los meses, sin descanso cada noche, sin desistir de aquella rutina fotográfica que más de una vez le visitó a Natalia algún que otro virus, por permanecer desnuda en pleno invierno e intentado hacer escenas sensuales ya de manera profesional. Cuando terminadas aquellas sesiones se metían en harina, los impropios catarros y leves estornudos surgían de su interior, dejando a un lado la pasión y el fuego. El vicio lo había tomado prestado Adrián que lejos de evitar que su mujer se colapsara por el infortunio de una gripe invernal, la rociaba de friegas por todo el cuerpo creyendo así evitar que atrapara una neumonía. Pero en ningún momento dejaba que su cuerpo de madreperla lo cubriera con alguna manta, si no todo lo contrario, la vestía con telas de seda y gasa, para resaltar más su delicada figura. Hasta que ya las fiebres atraparon a la pobre mujer, que inevitablemente la dejaron inservible para los cometidos de su marido. Acudiendo a urgencias por una terrible bronquitis aguda que la dejaron por una temporada fuera de juego. Adrián invencible en su empeño por seguir avivando esa llama que por culpa de los fríos habían dejado a su mujer postrada en la cama, se introducía en ella desnudo para que su calor reanimara la mecha. Pero ella no estaba por la labor de satisfacer esas necesidades por el momento. – ¿Qué te pasa cariño? ¿No quieres calor humano?, esto hará que te recuperes enseguida y volvamos de nuevo a ser uno.

  • Lo que quiero es ser yo misma y ponerme en condiciones para volver a mi vida normal, no entiendo, estás completamente viciado ya no me respetas ni enferma.
  • Qué quieres, la culpa es tuya y de Roberto.
  • ¡Ricardo!, se llama Ricardo. Y por favor, déjame que me recupere.
  • Está preocupado también él, me dice por correo que ya no le escribes. Ya le he dicho que estás acatarrada y que en un par de días, volveremos a la acción.

Natalia no respondió, solo se dedicó a mirar a su marido con cara de preocupación, ¿en que se había transformado? En una especie de depravado sexual, que le importaba un pimiento mantener relaciones sexuales, a pesar de que el moquillo y la tos se posaran en su ser.

Pero éste no se movía de la cama, le gustaba rozar su piel desnuda en las piernas suaves y tersas de su esposa. Una noche mientras Natalia dormía profundamente gracias a la amoxicilina, Adrián tuvo la gran idea de introducirle su miembro entre sus piernas. El guantazo fue espontaneo, creyendo éste perder un molar por el impacto. – ¿Pero qué haces? ¿Estás loca?, casi me partes una muela.

Capítulo 14

  • ¿Qué hacemos? – le preguntó Natalia confundida de nuevo.
  • ¿Qué quieres hacer tú?
  • No lo sé, lo que me pidas, no quiero que volvamos a desconfiar el uno del otro.
  • Está bien, dejaré que entre de nuevo. – pensó de manera egoísta su marido, al menos por la noches encontraría ese fuego que tanto echaba de menos. ¿Quieres que te haga una sesión de fotos y se la enviamos?
  • ¿Sí? ¿seguro?
  • ¡Seguro!

Natalia no dudo en responder a Ricardo de que esa noche regresaría de nuevo para volver a recrear esas noches de idilio que tanto añoraban. Se pondría sexy y le enviaría una serie de fotos provocadoras y harían el amor como lo hacían antes.

  • ¿Sí nena? – respondió emocionado éste al otro lado del aparato de manera escrita. ¿Vas a ser mía de nuevo?, ¿entraré dentro de tu palacio de cristal para notar que ya no pasaré frío? Mi diosa nórdica regresa de nuevo a mi. ¿quieres notar como fluyes en mi?, como cada centímetro de mi piel es recorrido con tu lengua húmeda y salvaje, lo noto nena. Y esta noche, vas a sentir la fuerza dentro de ti, preciosa. Uf, te quiero nena. – se despidió éste, dejando a Natalia con aquel clic que le surgía cada vez que Ricardo posaba sus palabras en su mente. Ese clic que la hacía sentir un pequeño pinchazo en la parte más intima de su ser. Volvía a sentir de nuevo ese placer que había desparecido.

Capítulo 13

CAPÍTULO 13

Después de que se determinara la decisión Natalia se lo contó a Ricardo. Pero éste no estaba convencido de que fuera a funcionar. – te he dicho que tiene que ser de vuestro entorno, este tipo de cosas solo funcionan en un ámbito dónde haya una confianza establecida.

  • No tenemos esa clase de amigos Ricardo, ¿cómo le propongo yo a una amiga ese tipo de juegos? Cuando nunca hemos sacado el tema.
  • Sácalo a relucir cuando estés con ella, háblale de tu marido, pregúntale a ver si le gusta, si alguna vez ha tenido pensamientos de hacer un intercambio, deseos ocultos que todo el mundo tiene guardado en su mente y nunca lo expone por el miedo de ser juzgado.
  • ¡No puedo hacer eso!
  • ¿Ves?, tú también tienes prejuicios. Estás reprimida, como todos. Solo te abres conmigo.
  • Eso no es cierto.
  • ¿Estás segura?, yo creo que no. He despertado tu apetito sexual, has dejado brotar tu imaginación a límites que ni siquiera conocías. El hambre de carne ha devorado todo tu ser. Eres como una loba que solo quiere alimentarse de todo aquello apetecible que se le cruce en el camino, sin pensar en si esta bueno o no, solo quieres comer.

Ella se quedó mirando unos minutos a la pantalla del móvil, sin que su dedo pulgar reaccionara para una respuesta inmediata. De nuevo un mensaje resurgió de las profundidades de la oscuridad de aquel objeto que la había poseído como si hubiera vendido su alma al mejor postor. – ¿No respondes?, veo que te ha impactado mi reflexión sobre como he influido en tu vida. Ahora estás atrapada. Eres mía, pero aún no te has dado cuenta.

Capítulo 12

Los días continuaban con las entradas al móvil y el sexo salvaje, ya daba igual la hora que fuera. Adrián decidió que las horas de trabajo que empleaba en estar de viaje, las cambiaría por estar casa. Era el dueño y señor de su empresa. Pero el vicio había rodeado su mente. Las doce de la mañana y estaban como neandertales follando, mientras escribían a Ricardo. Los dos satisfacían sus necesidades, uno por disfrutar de la carne y otro por tener lo que sabía que nunca sería suyo, pero dominaba a una mujer que sabía que no la tendría. Natalia comenzó a tener otros deseos, otros hombres que una vez disfrutó en las redes, porque su satisfacción era que los hombres quisieran poseerla.

Ya no quería solo a uno, quería más, estar con varios a la vez, mientras Ricardo y su marido lo veían. Puestos a jugar y a disfrutar, ella estaba dispuesta a tener una orgía virtual. La propuesta no tardo en hacerse real. Varios hombres entraron en la red de distintos lugares. Un enfermero londinense entró de lleno al juego, se hacía fotos en el hospital donde supuestamente trabajaba, las fotos eran bastante peculiares, no tenía ningún reparo en mostrar su rostro, mientras se bajaba los pantalones detrás de un biombo enseñando su pene y como se masturbaba. Una pareja italiana se dejó caer por internet. Estaban en un salón junto a una chimenea, mientras enviaban un video, con la foto de Adrián y Natalia en la pantalla del portátil, la pareja se estaban masturbando mutuamente. Una chica de unos veintidós años también se apuntó a aquella quedada virtual, se desnudaba mientras sus dedos húmedos, mojaban los pezones de sus pechos.

Capítulo 11

No se había dado cuenta hasta que se despertó que lo que más la satisfizo fue hacerse las fotos. Así que decidió ir de compras esa mañana, la noche sería igual o mejor que la anterior. No miró la tarjeta, solo hacía que rodase por las tiendas de lencería del centro comercial. Al llegar a casa, comenzó a vaciar las bolsas de aquellas firmas que jamás nunca hubiera pensado que acabarían luciéndolas en su cuerpo. Pero ahí estaba probándose cada pieza con la misma delicadeza como le sugirieron las dependientas.

Ese día la casa estaba completamente vacía para ellos, los niños se habían ido a casa de los abuelos y tenían plena libertad para hacer y deshacer a su antojo. Adrián vino antes de lo previsto, ya habían ejecutado un plan para ese día, ya no hacía falta que llegara la noche para cumplir los más íntimos deseos de ambos, hasta el momento.

Prepararon un escenario para que la sesión de fotos fuera de lo más elegante posible. Nada de vulgaridades. Todo en un ambiente sensual a la vez que cálido. Se probó un elegante conjunto de lencería, se trataba de un body  semi-transparente en color negro con pequeños encajes que terminaban en unas diminutas hojas de parra, se la podía apreciar hasta los más deseados detalles de sus curvas de una manera epicúrea.

Cuando la vio Adrián, no pudo contenerse, dejó la cámara y la agarró por la cintura, sus labios mojados, se posaron en los de Natalia, el intercambio fue mutuo, ni siquiera la dejó que se quitara la prenda de los deseos, el roce de la tela acariciaba el pecho desnudo de Adrián.

Capítulo 10

Casi apenas le quedaban uñas esperando como crujía la cerradura de la puerta, esperando que Adrián entrará por ella, había metido a los niños ya en la cama y ese rato de la noche que tenían libre, sería para debatir la propuesta de Ricardo, y si éste accedería.

Escuchó el cerrojo, ella estaba sentada en el salón haciendo que miraba la televisión, pero en realidad, estaba preparando la puesta en escena de como quería que se hiciesen las fotos. – ¡Hola! – saludó ella en un tono más alegre de lo normal. –

  • ¿Qué tal? – respondió Adrián, un poco cansado.
  • ¡Bien!, te veo un poco agotado, cuando te pongas cómodo, cenamos.
  •  De acuerdo, además vengo hambriento, las comidas de los restaurantes, son un asco y pesadas.

Más vale que tengas hambre guapo, porque esta noche tienes preparada la mejor de las cenas. – pensó Natalia mientras veía como su marido se quitaba la ropa.

  • ¿Qué miras con esa cara? – se sorprendió éste mientras ella, iba detrás de él.

No sabía como arrollar la conversación, ni siquiera como dar un rodeo para contarle lo que tenía planeado. – Quiero que me hagas una sesión de fotos, como las que nos hicimos cuando abrimos la cuenta la primera vez. – le soltó de golpe creyendo que era la mejor manera de atajar el asunto.